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El Nuevo Edén (I)

En este momento se está construyendo un Nuevo Edén o quizás es sólo una nueva cara que se le está poniendo al Viejo Edén. El Edén actual se caracteriza por una arquitectura estéril y una homogeneidad estilística. A los habitantes del moderno Edén se les ofrecen muchas formas de hacerle frente al estrés que produce el vivir en el Edén; entre ellas: las drogas que prometen cambiar o controlar casi todos los atributos negativos del hombre (y cada positivo también).

A la nueva edeneidad se le enseñan filosofías que prometen una utopía materialista dentro de un yermo espiritual. A pesar de todos esos “avances”, la edeneidad todavía comete suicidio a una rata sorprendentemente alta. Trágicamente, una gran cantidad de víctimas suicidas es gente joven. ¿Qué nos están diciendo algunas de estas víctimas? Quizá que el edén de hoy sigue siendo un edén: una jaula dorada, una mimada celda de una prisión. Mucha gente joven siente esto y se rebela cambiando de vestimenta o de estilo de cabello; pero se dan cuenta que siguen atrapados sin comprender cómo ni porqué. A muchos individuos, sin importarle cuán exitosos o mimados sean en la vida, les sucede como a la pareja Adán y Eva: sienten ansias de escapar.

El moderno edén sigue estando grandemente influenciado por la red de la Hermandad y sus retoños. Cualquier discusión sobre la Hermandad hoy en día es materia delicada. No estamos hablando de grupos y gente que estuvieron viviendo confortablemente en el pasado; ahora debemos confrontar gente y organizaciones que son en mucho, una parte influyente en el mundo de hoy. Permíteme por lo tanto, reiterarte dos puntos muy importantes:

1.- La vasta mayoría de la gente que se une a movimientos y organizaciones lo hacen por razones genuinas, incluyendo aquellos que se unen a ramas de la Hermandad y a religiones Custodias. Son gente que ha escuchado un pedazo de la verdad o ha visto allí, una solución a problemas legítimos. Ellos trabajan en esas organizaciones para diseminar la verdad o para resolver esos problemas. Como ha sido cierto a lo largo de toda la historia, casi ninguna de esas personas, —incluida la mayoría de sus máximos dirigentes— está a sabiendas comprometido en actividades maquiavélicas. Sólo saben que se han entregado a una causa justa en contra de algún otro grupo humano, sin darse cuenta que en alguna otra parte, en organizaciones similares, otra gente se ha entregado a lo que considera una justa causa en contra de ellos. La corrupción dentro de la red de la Hermandad y la violencia que emana de ella es tan desconcertante para ellos como ellos lo son para los demás.

2.- Mi propósito es la corrección, no la condenación. Sobre la Tierra no hay santos en esta materia y probablemente en ninguna otra parte. Sí hay, una enorme cantidad de gente buena que merece ser ayudada, pero probablemente no hay un ser sobre la Tierra que no haya, en algún tiempo y de alguna manera, contribuido a lo que nosotros hemos hecho en el pasado; lo que verdaderamente cuenta es el presente y el futuro. Mi propósito escribiendo este libro es tratar de que hagamos una pausa, un momento para retroceder y buscar aquello en lo que todos podemos estar atrapados. Quizá después, cada uno de nosotros podrá determinar lo que necesita hacer o dejar de hacer para ayudar a producir los cambios requeridos y poner las cosas en orden, sin perturbar nuestras vidas o nuestras queridas instituciones. Lo que se necesita de cada quien es cooperación y no recriminación.

A medida que visualizamos las religiones y las organizaciones modernas que surgen de la red de la Hermandad, descubrimos algo bastante irónica. Mientras el mundo continúa su coqueteo intelectual con el materialismo, las organizaciones de la Hermandad y las religiones Custodios están entre las pocas fuentes que mantiene viva alguna idea de que el hombre puede ser un ser espiritual. Como resultado de esto, muchas de las organizaciones de la Hermandad y religiones Custodio atraen alguna gente muy buena en quienes la chispa espiritual no se ha extinguido.

Es difícil hallar a un padre jesuita, un francmasón americano, un ministro presbiteriano o un rabino judío, que no sea una persona decente. La abrumadora mayoría de ellos enfatiza los aspectos verdaderamente benignos y edificantes de sus teologías. De igual manera es difícil no sentirse bien en una misa católica en Navidad, o ser estimulado por una conversación de un articulado rosacruz acerca del significado de la vida.

Es igualmente imposible no apreciar la sonrisa de un adolescente criado en el calor de una exitosa familia mantenida unida por la religión judía, o saborear la estética de un excepcional artesano hindú. Niños y adultos reciben ayuda todos los días del tipo de trabajo que realiza el francmasón, de un excéntrico o de un santurrón. Fascinantes discusiones políticas pueden mantenerse con un confeso marxista y uno puede aprender algunos de los más extraños hechos de un “acérrimo fanático” de la extrema derecha. Esto no obstante, la mayoría de las instituciones que surgen de la Hermandad continúan causando serios problemas en la actualidad.

Hoy en los Estados Unidos, cerca del 75% del dinero disponible es creado por los bancos comerciales. Cuando usted deposita un dólar en un banco comercial, este dólar se convierte en un préstamo del banco y el banco crea un dólar adicional el cual se convierte en el dólar de tu cuenta bancaria. Sin embargo, ese dólar en tu cuenta bancaria no es un dólar garantizado. Simplemente es una deuda que tiene el banco contigo. No obstante, esta deuda rápidamente se transforma en dinero ya que tú puedes gastarlo inmediatamente y todavía el banco tiene tu dólar original.

De esta forma el banco ha creado “dinero de la nada”. Los bancos hacen la mayoría de sus beneficios al permitírseles crear dinero de esta forma. El interés que el banco carga a los préstamos meramente paga algunos de los gastos administrativos y, más importante, compensa por la inflación que los bancos inevitablemente causan con la creación de dinero en la forma como lo hacen. Hay por supuesto, límites legales obligatorios para la cantidad de dólares que un banco puede crear. Un banco comercial debe mantener un mínimo encaje en efectivo (en notas del banco) por cada dólar depositado, pero es sólo un pequeño porcentaje.

Mientras que la gente use su chequera de cuentas y no saque mucho efectivo real, un banco se siente seguro. Por otro lado, un banco puede ir a la quiebra si fallan muchos de sus préstamos, o si muchos depositantes solicitan efectivo real y de esta forma barren con el pequeño respaldo del encaje del banco.

El resultado completo de este sistema es la deuda masiva a todos los niveles de la sociedad de hoy. Los bancos están en deuda con los depositantes y el dinero depositado es prestado a otros y crea endeudamiento y crea endeudamiento con los bancos. Haciendo a este sistema aún más parecido a un delirio maniático es el hecho que los bancos al igual que otros prestamistas, tienen derecho a embargar la propiedad física del deudor si su dinero de papel no es devuelto.

A niveles nacional e internacional leemos hoy sobre los países del Tercer Mundo abrumados por el peso de enormes deudas. La mayoría de esas deudas son “ilusorias” (engañosas), en el sentido que la mayor parte de los préstamos provienen de bancos que han generado y canalizado dinero “creado de la nada”. Algunos de esos bancos representados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) tienen derecho a dictar las políticas económicas y exigir medidas de austeridad dentro de las naciones endeudadas para devolver los préstamos.

En Brasil por ejemplo, el FMI impuso medidas de austeridad a principio de los ochenta. Esas medidas incluían rebajas a gran escala del salario mínimo para el trabajador brasileño, aumento de los precios de todos los productos y bienes, devaluación de la moneda e incremento de las exportaciones, todo para pagar una deuda fundamentada principalmente en el engaño. El resultado fue una tremenda caída en el bienestar del pueblo brasileño y graves disturbios. La destrucción de los bosques húmedos de Brasil que estamos observando actualmente está siendo causada en gran parte por la necesidad de que el Brasil devuelva los préstamos en dinero ilusorio. En estudios preparados por el Banco Mundial culpan de la reducción de los bosques húmedos al crecimiento de la población, pero deliberadamente y convenientemente dejan fuera la importante e inmensa responsabilidad que tiene el Banco Mundial causando el endeudamiento de Brasil.

Otro ejemplo es la República Dominicana, la cual tenía a mediados de los ochenta una deuda de 3.000 millones de dólares. Al país le hubiera gustado gastar sus escasos ingresos en mejores viviendas para su pueblo. Sin embargo, en 1985 la nación se vió en la delicada situación de tener que desviar la mayor parte de sus ingresos para devolver sus préstamos que habían sido otorgados en moneda extranjera. No obstante, el FMI pidió estrictas medidas de austeridad, incluyendo un gran aumento de los precios de los productos básicos lo cual desató grandes disturbios y saqueos. El FMI también ordenó una devaluación de la moneda dominicana, con lo cual aumentaron las exportaciones pero hizo más costosas las importaciones. Quién fue realmente el perdedor en todo esto? El pueblo dominicano.

En los Estados Unidos bajo la administración presidencial de Ronald Reagan, la deuda nacional americana se duplicó. La mayor parte del dinero prestado, por supuesto, tuvo su origen en el dinero "creado de la nada" por los grandes bancos. Sin embargo, debe ahora pagarse intereses por este dinero. Para pagar esto, el Servicio Social Federal fue reducido bajo Reagan lo que provocó una violenta caída en el estándar de vida de muchos estadounidenses. Para qué fue usado parte de este dinero extra emprestado? Para necesidades militares.

En escala menor, el sistema de papel moneda inflacionario causa que los agricultores pierdan sus granjas. La mayoría de los granjeros no pierden su modo de vida por fallas en el duro trabajo o porque no producen algo de gran valor. Ellos pierden porque no pueden reunir las condiciones que piden en el sistema de papel moneda. Esto le da derecho a la gran agro-industria a embargar y comprar las granjas, lo cual resulta en la concentración de la producción de alimentos en el siempre reducido número de manos.

RELACIONADO: La Hermandad de la serpiente
Del libro: Los dioses del edén (William Bramley)

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