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La gran trampa: así te llevarán al dinero electrónico


8 ene 14. Es un hecho. Ya empiezan a atisbarse las maniobras que nos llevarán al uso generalizado del Dinero Electrónico y al consiguiente control absoluto de toda la población.
En estos momentos podemos afirmar que ya se ha iniciado el indispensable proceso de manipulación mediática y ciertamente, debemos reconocer que los mecanismos escogidos para instaurar el dinero electrónico por parte de la, crípticamente llamada élite, son tan hábiles y sutiles que dificilmente conseguiremos impedirlo.

Porque la clave de la maniobra radica en quién nos llevará hasta ahí y en las razones que ese quién o quiénes esgrimirán para conseguirlo.
Una auténtica trampa, tan ingeniosa y malintencionada que convertirá en enloquecido paranoico, retrógrado o directamente elitista al que la denuncie abiertamente.

Y es que, desgraciadamente, cuando se generalice el uso del dinero electrónico y éste se combine con las técnicas de Control Masivo ya establecidas, entraremos en una nueva fase de la historia humana: la tecno-esclavitud, una suerte de neofeudalismo sustentado en el control tecnológico del que jamás podremos liberarnos.

Pero como decíamos, el punto determinante radica en quién nos convencerá de la necesidad de instaurar el Dinero Electrónico y en los argumentos, excusas y subterfugios, que utilizará, hábilmente disfrazados de avance democrático, limpieza ética y justicia social.

Estas últimas semanas estamos asistiendo a los primeros actos de esta representación teatral, aún algo tímidos, casi a modo de tanteo o inoculación previa de la idea.
Y los actores escogidos para cumplir con tan crucial papel, proceden, como muchos temíamos, del mundo mediático alternativo, de aquellos medios o ideologías que supuestamente luchan más enconadamente contra las élites bancarias, el latrocinio mundial y la injusticia social y económica.

Uno de los ejemplos más claros de ello es Max Keyser, que a través de su cada vez más popular programa “Keyser Report” en el canal RT, se ha convertido en el azote mundial de los banqueros elitistas y corruptos.
Sin embargo, a pesar de su carácter rabiosamente alternativo, fresco y casi revolucionario, Max Keyser inocula en el espectador, de forma persistente, como una gota malaya, la necesidad de adoptar una moneda electrónica virtual, el Bitcoin.


Y no se detiene aquí, como pudimos ver en el programa 515 titulado “El fracaso de la flexibilización cuantitativa”.
Tras despotricar, como es habitual (y justificadamente), de la mafia bancaria que domina la economía mundial, Max Keyser entrevistó al profesor noruego Trond Andersen, Profesor de sistemas de control con herramientas matemáticas para el modelado de sistemas dinámicos aplicados a la macroeconomía (no lo pronuncien sin tomar aire).



Y en la entrevista, dicho Profesor nos ofreció una “solución” para aquellos países que como Grecia, España o Portugal se ven azotados por la crisis: la creación de una moneda electrónica que actúe como divisa paralela al Euro, a la que se llamaría Divisa Nacional para la Crisis.

En palabras del profesor Trond Andersen:
“Gracias a la electrónica y las redes móviles ahora es posible hacer esto en un país entero de forma que los ciudadanos puedan realizar transacciones sin monedas ni billetes. Si los países quieren implantar el sistema no tienen mas que empezar a emitir dinero electrónico para pagar a sus empleados o pensionistas…”

Según el profesor, el objetivo sería disponer de una divisa que pueda ser convenientemente devaluada por el Estado que la adopte, a diferencia del Euro, con el cual es imposible hacerlo.
Entonces, como nos dice Andersen, gracias al uso del teléfono móvil, del que todos disponemos ya, sería fácil establecer la circulación y uso de esa moneda electrónica para la crisis, lo que además permitiría al Estado que la adoptara, aplicar impuestos sobre las transacciones electrónicas que se realizaran y con ello garantizar el pago de las pensiones y de los salarios de los funcionarios con la misma moneda.

Una idea muy oportuna y conveniente justo cuando crece en toda Europa el temor a dejar de cobrar las pensiones en el futuro y el convencimiento, cada vez más generalizado, de que está en peligro la llamada “Sociedad del Bienestar”.

Como vemos, se trata de una forma muy sutil de relacionar ese temor a perder la pensión con la presunta solución que nos ofrecería el dinero electrónico, una pista clara sobre los argumentos y subterfugios que pueden ser esgrimidos llegado el momento adecuado.

Pero los mayores esfuerzos de Max Keyser en su programa se centran en la promoción del Bitcoin, a la que él mismo bautiza hábilmente como “moneda de la resistencia contra los timadores y banqueros mafiosos que saquean y expolian la economía con el apoyo del estado”.
Una imagen atractiva, sin lugar a dudas, pues todos queremos formar parte de la ”heroica resistencia contra los malvados opresores”, al más puro estilo Luke Skywalker o Neo de Matrix.
Y es que el Bitcoin cada vez recibe más promoción en los llamados medios “alternativos”, como RT, que estallan en vítores cada vez que una gran empresa acepta pagos en Bitcoins (como el caso de Badoo en China) o se abre un cajero expendedor de la “milagrosa moneda electrónica de la resistencia”.


Pero no es solo Max Keyser quien nos inocula el concepto de moneda electrónica virtual como solución revolucionaria a todos nuestros problemas.

Esta pasada semana, concretamente el pasado 30 de octubre, en el programa de TV “Las Mañanas de Cuatro”, pudimos escuchar al mismísimo profesor Santiago Niño Becerra esgrimiendo argumentos similares.
Tras ser preguntado por el presentador del programa, Jesús Cintora, acerca de una posible solución para erradicar la evasión fiscal y los pagos de comisiones ilegales ligados a prácticas corruptas, Santiago Niño Becerra argumentó que:
“La única manera de acabar con la evasión fiscal sería prohibir el dinero en metálico y utilizar el dinero electrónico. Hoy en día ya se puede hacer: con móviles, ordenadores, tabletas o chips. Es la única solución, así todo estaría controlado”

De nuevo encontramos el dinero electrónico presentado como “solución” a los problemas generados por la corrupción de los más poderosos.

Y es que tales comentarios del profesor Niño Becerra guardaban relación con una iniciativa presentada en el pleno del Congreso por el grupo de la Izquierda Plural (IU-ICV-CHA) y firmada por el portavoz económico de dicho grupo parlamentario (y cada vez más promocionado como futuro líder alternativo), Alberto Garzón.


Tal iniciativa, entre otros aspectos más que razonables, incluye proponer “un plan antifraude que limite a 1.000 euros las transacciones en efectivo”, con el fin de evitar los pagos en metálico asociados a las prácticas corruptas.
Una propuesta que, bajo el paraguas de la lucha contra el fraude fiscal de los más poderosos, oculta un primer paso hacia la erradicación del dinero en efectivo.
Pues en realidad, el gran salto conceptual radica en establecer ese primer límite a las transacciones en efectivo.
Una vez dado ese primer paso, el límite podrá irse bajando paulatinamente, hasta convertir en absurda y obsoleta la propia existencia del dinero en metálico.

Tan simple y sencillo como eso.

Y es que, desgraciadamente, cada vez estamos más y más cerca del establecimiento final del dinero electrónico.
Las propias tarjetas de crédito son un primer paso hacia ese objetivo.

Y en países como Estados Unidos, incluso se ha dado un paso más allá.
Grandes empresas como McDonald’s, Taco Bell, Walgreens o la todopoderosa Wal-Mart pagan las nóminas a la mayoría de sus empleados usando tarjetas de débito, en lugar de los tradicionales cheques o ingresos en la cuenta corriente.


Llegado el día de cobro, el empleado recibe una tarjeta cuyo saldo corresponde al salario apercibido.
Puro dinero electrónico.

Quizás pueda parecer algo muy cómodo, pero sin embargo resulta un vil ardid para robar parte de esa nómina al ya de por sí, mal retribuido empleado, tal y como se denuncia en un artículo del pasado junio en el New York Times, titulado “Paid via Card, Workers Feel Sting of Fees”


Pues los empleados retribuidos por obligación con esas tarjetas, pierden parte de su salario a través de las más variopintas y abusivas comisiones, por ejemplo al retirar dinero en metálico del cajero, tener la tarjeta inactiva demasiado tiempo o realizar transferencias.
Dinero, que evidentemente, fluye directo a las cuentas del banco.

Es decir, simple y llanamente, un robo.

Todos estos pasos representan una constante y paulatina programación mental de los ciudadanos con el fin de que se acostumbren al dinero virtual, a la moneda electrónica y a un nuevo estado de su propia economía, en relación directa con el estado de la propia sociedad.
Porque de la misma forma en que toda la información se almacenará en la “Nube” y no en nuestros discos duros personales, el dinero también se situará en la “Nube” y no en nuestros bolsillos.


Alguien cuyo dinero puede ser bloqueado a distancia por la autoridad, solo apretando una simple tecla, es alguien que en realidad no posee ese dinero, sino que solo lo recibe prestado.
Y eso implicará la pérdida total de control sobre nuestras pertenencias.
Sobre las pertenencias de las que depende nuestra subsistencia, obligados como estamos por el sistema a subyugarnos a ellas.
Y eso es esclavitud.
Con brillantes luces de neón y pantallas táctiles multicolor, es cierto.
Pero esclavitud, al fin y al cabo.

Así pues, no desviemos la mirada de lo que resulta realmente esencial.
Si no queremos acabar convirtiéndonos en auténticos esclavos de la tecnología, debemos impedir, como primer paso, el establecimiento del dinero electrónico, por más cómodo que nos parezca.

Y no importa quién nos quiera convencer de sus bondades.
Aunque nos caiga muy simpático y estemos plenamente de acuerdo con su mensaje.

Porque por lo visto, en eso consiste la jugada, la gran trampa.
En ofrecernos una imagen clara de quienes son los malos de la película: los banqueros y los políticos corruptos, para después crear una alternativa opositora, que sin duda será identificada por la mayoría como los buenos de la película y cuyas iniciativas nos llevarán, exactamente, al punto donde quería llevarnos la élite, pero con buenas palabras, argumentos “justos” y aparentes buenas intenciones.
Una jugada maestra, sin duda.

Porque llegados a este punto, ¿Quién podrá negarse a argumentos relacionados con la justicia, la igualdad social, la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción de los más poderosos sin quedar a ojos de los demás como un ser malvado que defiende los intereses de las élites corruptas?

No caigamos en la trampa.

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