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Jordi Évole y Operación Palace: un peón del poder y una sutil manipulación


25 feb 14. En la noche del domingo pregunté qué pasaba con Évole porque estaba viendo al personal rebotado por las redes sociales después de la emisión de su programa. El lunes vi el programa y me ocupé en visualizar también el ofrecido en Cuarto Milenio, ambos en relación al golpe de estado del 23-F en el año 1981.

Mi conclusión: una sutil manipulación mediática para salvarle el pellejo al Borbón debido a la enorme presión a que está sometida su figura.

Resultado: se invita a aceptar que el rey estaba en el meollo, pero con una impresionante sutileza impregna en el espectador la posibilidad de que el rey lo hiciera para salvar la democracia cuando en realidad fue orquestado por la CIA y el CESID para reforzar la monarquía como la garantía para ejecutar la Agenda de la Transición, incluido el atentado a Carrero, y "vigilar" al peón elegido por la élite mundial, Felipe González, para meter a España en su maquinaria bélica y económica, la OTAN y la UE. (ver aquí "La verdadera historia del PSOE))

Ćon la emisión del programa se han reído en la cara de los españoles, que a partir de ahora considerarán cualquier teoría como propia de conspiranoicos, y quedará en el inconsciente colectivo una especie de perdón al monarca si su intención fue salvar la democracia. Un guión digno de la inteligencia del estado o de la propia CIA y nunca de este peón del sistema como es el tal Évole.

La clave para entender las conexiones que movieron el golpe

Todos los jefazos de la CIA pertenecen a una sociedad secreta o "discreta" llamada Soberana Orden Militar de los Caballeros de Malta, creada por los jesuitas y formada por masones de alto grado. Juan Carlos de Borbón es rey de Jerusalén y es miembro destacado..... de los Caballeros de Malta.



Este artículo que les dejo a continuación es del blog Democracia de verdad:


Évole y su #OperaciónPalace: ¿Sabemos leer entre líneas?

Anoche, con la emisión del documental Operación Palace, asistimos a un pico de audiencia anunciado. La potente e inteligente campaña de marketing que se había lanzado, para anunciar dicha emisión, dio sus frutos con creces, y más de 5 millones de españoles sintonizaron con La Sexta, ese canal de TV comprado por la derecha mediática y manipuladora (Antena 3/A3media) para rentabilizar y controlar a la izquierda dogmática del país (tan ilusa como para dejarse utilizar sin darse cuenta, y tan dogmática como para no reconocerlo tras darse cuenta).

Hoy, en sintonía con las “inquietudes intelectuales” prioritarias en nuestras latitudes, la pregunta más formulada es: ¿Te lo creíste? Pero yo creo tener una pregunta mejor: ¿Sabes leer entre líneas? Aún a riesgo de que el señor Jordi Évole (el “nuevo Orson Welles“) tenga que salir de casa, porque sólo su ego quepa en ella, he de decir que como obra audiovisual, y habiendo estudiado/trabajado en ese mundillo, me pareció un muy buen documental. Claro que tampoco hay que exagerar. Pareciera que todo lo ha hecho Jordi Évole él solito, sin contar con los recursos, equipo, apoyo y ¿directrices? que le ha proporcionado el emporio mediático para el que trabaja.

Pero dejémonos de banales florituras y vayamos al grano… Lo realmente grave, en mi opinión, no es el hecho de divertir (o robar tiempo, según el caso) a una audiencia que espera ver un reportaje de investigación periodística sobre un asunto muy serio de nuestra Historia reciente (y directamente relacionado con lo que estamos padeciendo hoy). Tampoco es importante ese mantra que se repite incansablemente en Twitter de: “Nos ha enseñado lo fácil que es manipularnos“. ¡¡Menuda novedad!! Quien haya necesitado a Évole para aprender eso, o es bastante joven o no es muy observador.

Lo que casi nadie dice (con honrosas excepciones) y sin embargo me parece lo más importante de todo, es el mensaje implícito en los textos que aparecen al final del reportaje. ¡Ojo! El detalle es aquí muy importante. Tengamos en cuenta el contexto del momento en que se muestran esos textos: Hayamos intuido que es una ficción o no, en ese momento llevamos un buen rato viendo un documental que nos ha dejado atónitos con datos jamás escuchados, es decir, ha capturado completamente nuestra atención. Justo antes de la aparición de los textos se reincide en un supuesto enigma que ya antes había sido dejado en el aire (con mucha “psicología”): la caja blanca que siempre aparecía junto al rey (mostrándose fotos diversas donde se la ve). Este momento es crucial para disparar los niveles de tensión (y de atención) en el grueso de la audiencia. Es el gancho para que nadie se pierda el mensaje final que viene a continuación, y que es el más importante de todos (la moraleja por así decirlo).

Entonces llega el clímax, el “orgasmo”, la explosión de tensión… Con tipografía blanca y fondo oscuro (típicos de los créditos, como bien sabemos) aparecen en lenta sucesión los siguientes textos:

Texto 1: “Nos hubiese gustado contar la verdadera historia del 23F. Pero no ha sido posible.“

Texto 2: “El Tribunal Supremo no autoriza la consulta del sumario del juicio hasta que hayan transcurrido 25 años desde la muerte de los procesados, o 50 años desde el golpe.“

Texto 3: “Esta decisión es tierra abonada para teorías y fabulaciones de todo tipo… Como ésta. Posiblemente la nuestra no será ni la última ni la más fantasiosa.“

Como el último golpe es, a menudo, el que mejor se recuerda, el mensaje clave está en el tercer texto, a pesar de que no es sino una extensión de los dos anteriores. De hecho, los textos en su conjunto constituyen una hábil mezcla entre verdades objetivas y un mensaje a difundir, con la esperanza de que éste último se contagie de un halo de “verdad” a ojos del público (por “mimetismo” y proximidad contextual).

Y el mensaje entre líneas es claro: “Todo lo que oigas sobre el 23F son teorías y fabulaciones, y, posiblemente, en el futuro las oirás aún más fantasiosas“. Como podemos ver, no hace falta un análisis muy sesudo para percatarse de la finalidad real de este hiper promocionado documental, ni hay nada nuevo bajo el sol. Évole es quien es, y le manda quien le paga. La Sexta es lo que es, y es de quien es. Y su amo forma parte de… ¿esos contra los que tanto protestamos cuando salimos a la calle con pancartitas o cócteles molotov? (que me da igual: son igual de inútiles).

Parecemos no ser conscientes de que el sistema actual ha aprendido a rentabilizar incluso a sus enemigos. Se disfrazan y se ríen de nosotros, en la cara, al tiempo que nos utilizan para ganar millones… y respondemos aplaudiéndoles. Sinceramente, ¿no dan ganas de cambiarse de nacionalidad? La vergüenza ajena es demasiado inmensa.

Pero sigamos… ya hemos visto el mensaje. Ahora cabe preguntarse: ¿por qué se lanza dicho mensaje justo ahora? Analicemos el momento: crisis, tensión social, clima prorrevolucionario… Cada día más gente se pregunta: ¿cómo hemos llegado a esto? Y eso incluye a personas que nunca antes se habían cuestionado en su vida la “visión oficial” de la realidad, hasta que la propia realidad les ha golpeado. En este blog sabemos eso muy bien, lo consideramos importante, y en consecuencia llevamos tiempo investigando sobre La Transición. Y quizás recordéis que hemos visto en algún artículo (mas los que hay en preparación) que últimamente están apareciendo fuentes bastante fiables, personas que vivieron de primera mano lo ocurrido y han decidido dejar de callar, e incluso ex-agentes del CESID que fueron testigos y protagonistas de hechos muy relevantes ocurridos antes, durante y después del 23F.

Evidentemente, para el Régimen del 78, cuyos oligarcas se están devanando los sesos frente al reto de afianzar la renovación generacional del sistema, la aparición de informaciones que puedan amenazar la continuidad de un presunto mito, y que puedan ser aprovechadas por movimientos y grupos rebeldes para ganar fuerza, es un riesgo que se debe minimizar a toda costa.

Por tanto, con total claridad para mí, hay una relación directa entre la fuerte promoción y difusión de este documental, y los planes de afianzamiento del sistema y renovación generacional de la oligarquía (asunto interesante este último, del que estoy preparando algún artículo).

En relación a eso, y en mi opinión, este régimen tiene varios ases bajo la manga (posiblemente alguno tenga que ver con la aceptación masiva del príncipe Felipe como nuevo rey), pero este “as” en concreto me ha cogido por sorpresa.

Mis personales conclusiones: Tenemos a una oligarquía corrupta, y vendida a intereses extranjeros, que ha lanzado a más de 5 millones de personas bajo su control un mensaje interesado para proteger su propio régimen. El mensaje tiene la cara de un periodista que llegó a estrella (clubs de fans en Twitter incluidos) haciendo en la tele oligarca las preguntas incómodas que todos queríamos oír. En dicho mensaje nos invitan a no tomar en serio cualquier testimonio o dato histórico que pueda abrir un debate social objetivo, y mucho menos poner en tela de juicio la versión oficial del 23F.

Además, lo hacen a través de un canal fuertemente enfocado hacia un sector ideológico predefinido, que, curiosamente, es el que suele salir a las calles a mostrarse rebelde con la propia oligarquía, y es el que se autodeclara “revolucionario” frente a la partitocracia y sus medios manipuladores. Es casi como si la élite le hubiera lanzado la pelotita al 15M, y éste hubiera ido corriendo a por ella para ponerla a sus pies.

Tan magno contrasentido se vuelve casi cómico (mejor reír que llorar) al pensar que Cuarto Milenio fue el programa más serio al tratar ayer el 23F (con todos mis respetos hacia dicho programa).

A ver si el personal se va enterando: Si usted quiere un verdadero medio de comunicación que ofrezca información objetiva, o sirva a los intereses de la población en su lucha contra la oligarquía, se lo tendrá que montar usted mismo y pagarlo de su bolsillo. No espere que una empresa que forma parte del complejo mediático-político, y por tanto del actual régimen, monte esa tele para usted y no trate de manipularle (y por supuesto rentabilizarle). Cualquier persona que haya analizado seriamente los retos que entraña hacer una revolución en el s.XXI, sabe que son vitales la obtención de recursos propios y la autosuficiencia frente al sistema en todos los campos posibles. Eso incluye el campo mediático (y lo sé bien por llevar muchos años trabajando en proyectos de democratización de medios, y ser consciente de los obstáculos que, a nivel global, se han interpuesto a lo largo del tiempo para impedirlo).


Y termino… Pero insisto como punto y reflexión final: Este sistema, el del neoliberalismo salvaje, el del “todo vale“, “todo se compra, todo se vende“, y “los principios no cotizan en mercado alguno“, ha aprendido a convertir a sus enemigos precisamente en eso, en otro mercado más. Resulta un poco chocante ¿no? Pues cada día sin luchar contra él, en serio (sin flores ni cócteles molotov, sino trabajando y organizándose), será, probablemente, un poquito peor. Qué bien entiendo ahora a aquellos que decían: “la revolución no será televisada“… No en las teles del tirano, desde luego.


OPERACIÓN PALACE: LA “NUEVA” SEXTA Y EL PELIGRO SOCIAL DE NO REMATAR UN FALSO DOCUMENTAL




Amigo Jordi Évole, agitador y follonero de sofá de la perezosa e hierática España… ¿en qué te has convertido?. “Quería hacer lo de Orson Welles” dicen que se oía ayer en los despachos del canal de televisión supuestamente más crítico y contrahegemónico de la parrilla audiovisual actual. Rezaban y spoileaban hábilmente los anuncios durante toda la semana: ”Una historia de Jordi Évole”. Mensaje previo a una de las trolleadas más grandes que la España contemporánea recuerda. Avisados estabais.

Antes de hablar del programa, y para poner en contexto lo que quiero expresar, hay que remontarse a la fusión de la Sexta con Antena 3 de hace unos años. Uno de los pocos canales de televisión que hasta hace poco aún mantenía un poco la cordura y ética periodística, la Sexta, fue perdiendo su rumbo de forma progresiva. Sonrojante fue, como muestra, la cobertura informativa que hicieron de los sucesos de Gamonal (aquí un ejemplo), donde pretendieron hacernos creer que la violencia y la tensión era generalizada cuando, como suele suceder en estos casos, no dejan de ser focos violentos aislados entre un maremagnum de gente hastiada e indignada, pero eso sí, de carácter pacífico.
Desde la fusión, la cadena ha ido minimizando poco a poco su labor de altavoz de aquellas manifestaciones sociales o políticas que han mostrado su hartazgo con el sistema. Hemos pasado de tener un canal audiovisual que hizo una más que digna retransmisión de lo sucedido hace casi 3 años en el movimiento 15-M, a un grupo periodístico, movido exclusivamente por intereses económicos y de poder, que niega la voz, por ejemplo, a plataformas como la nueva “Podemos” de Pablo Iglesias, habitual colaborador como tertuliano de la cadena que tras la presentación del movimiento ha visto reducidos sus minutos de pantalla de forma drástica, mientras Marhuenda y su ideario reaccionario campan a sus anchas por ella.

Esta nueva plataforma encabezada por el profesor Iglesias, a caballo entre lo puramente social y lo político, no parece interesar a ningún medio, pues no enarbola ninguna bandera tras de sí. Va contra el sistema, golpea a diestro y a siniestro, y eso no casa con las nuevas reglas de juego impuestas tras la fusión. Y es sólo un ejemplo de tantos.

Una vez expuesto esto, volvamos a hablar exclusivamente del señor Jordi Évole y su programa sobre el 23-F, otro de los ejemplos del cambio de rumbo. Ayer España aguardaba expectante (Más de cinco millones de espectadores y 23,9% del share, siendo el programa más visto del día con diferencia). El humorísticamente hablando, difunto follonero prometía revelar una bomba, dotar de luz décadas de oscuridad, esclarecer y afinar lo impostado. Una semana atrás anunció que el próximo programa iba a ser especial, definitorio, un programa que daría que pensar, que -según él- “no podría ser emitido si diera más detalles”. Con esto ya tenía a la audiencia en el bolsillo. Sumado a su ganada “credibilidad” social de los últimos años, sólo faltaba una campaña publicitaria que anunciara a bombo y platillo que usted, espectador, no debía perderse el espectáculo.

Tras la cena, más o menos así se desarrollaban los hechos:
- 21:30: España comienza a andar el camino que el señor Évole ha escrito inteligentemente. Algunos se aterran, gran parte se miran incrédulos, otros -los menos- se descojonan (entre ellos, el propio Jordi).
- 21:40: “Ya decía yo que me olía raro lo del Oscar a Garci” suelta un iluminado frente a la caja tonta. “Volver a empezar no era para tanto”.
- 21:50: Manadas indignadas de ciudadanos enfurecen en sus casas (en Twitter, claro, que en la calle hace frío), pidiendo la cabeza de todos esos políticos que los han tenido engañados durante estos más de 30 años. Mientras se abren el paquete de pipas espetan un solemne “Qué hijosdeputa, y hemos tenido que esperar todo este tiempo para enterarnos de LA VERDAD”. Gracias Jordi.
- 22:00: “Un momento, entonces… si el 23-F fue un teatrillo… ¿el rey para qué vale? Si no fue el héroe de aquella noche… ¿para qué nos sirve? Hordas de republicanos comienzan a frotarse las manos.
- 22:10: El programa parece estar llegando a su fin, y aún queda la gran bomba por soltar. Évole, consciente del nivel intelectual medio de la sociedad española, avisa para navegantes antes de que enciendan las antorchas: “Hay que ver el final“. Los más astutos ya vieron el manido truco, el resto aguardan estupefactos un cliffhanger letal que bombardeará los cimientos de la España reciente que conocemos.
- 22:20: Jordi poco a poco va mostrando sus cartas. Al final se saca el as de la manga y resulta que todo fue artificio. “Yo ya sabía que era mentira. Se veía claramente que era un mockumentary” suelta el de las gafas de pasta entre leves carcajadas. “Menos mal que era una broma, con lo a gusto que estamos” respira aliviado aquel que ya ha cogido el mando y ha cambiado a Telecinco. Otros gruñen y se cabrean, porque deseaban de todo corazón que lo visto hubiera sido verdad, aunque estuviera Garci rodando.
- 22:30: A pesar de las diversas reacciones al experimento, hay una bastante generalizada (y peligrosa) que sobrevuela por la mente del espectador español medio no muy curtido en estas lides: “Ufff… ya decía yo que esto no podía ser, que sé que el cabrón de Tejero estuvo en la cárcel y que el Rey tuvo dos cojones. Su papel fue fundamental. Qué de puta madre es nuestra democracia” (Cohetes y banderitas). Fin del circo.

Conclusión. A través de frivolizar y forzar la carcajada, se acaban de dar por ciertas en millones de cabezas, todos las historias que nos han ido contando a lo largo de estos años sobre el 23-F en comparación con esta farsa. ¡Ciudadanos y ciudadanas, no hagan caso de relatos conspiranoides, la verdad es la que fue, y no hay otra! ¡Esto es un cuento, pero aquello no, claro! ¿Triste, verdad? Estoy (casi) seguro que la intención primeriza de un Évole menos combativo que nunca no fue provocar esta reacción de firme apoyo al sistema y de rechazo a visiones alternativas de la siempre cuestionada historia.

Durante décadas, diversos historiadores, periodistas y demás indagadores de la verdad han luchado por aclarar un capítulo de nuestro camino que aún hoy tiene más sombras que luces. Trabajaron y trabajan por esclarecer el relato, por descubrir qué sucedió realmente… y en apenas tres cuartos de hora, un periodista con antecedentes bufonescos ha echado kilos de mierda sobre todos ellos. Kilos que serán difíciles de limpiar debido a la diferencia de audiencia de unos y de otros.

Lo vuelvo a repetir, quiero creer que no es éste el mensaje que quiso transmitir Jordi Évole, pero me preocupa. Me preocupa que al concluir el falso documental “Operación Palace” apenas se dediquen un par de minutos para descubrir el embolado, que apenas se incida en el que en mi opinión hubiera sido un mensaje mucho más letal:
“Sin poder acceder a todos los documentos clasificados, la historia que ustedes conocen puede ser tan falsa (o más) que la que les hemos presentado”.

Esto es lo que se presentaba en las palabras finales de “Operación Palace”, un mensaje muy acertado en el que (a mi parecer) no se hizo el hincapié necesario, y con ello se perdió una oportunidad de oro (tras el shock inicial de descubrir el pastel) para romper viejos esquemas mentales tristemente “atados y bien atados” al imaginario común del colectivo social español.


El mensaje que queda en la gran mayoría de la sociedad no es desgraciadamente ése, el de la opacidad y el injusto misterio, el de que nos faltan piezas del puzzle, sino el simple y llano: “A mí que me dejen de historias que no hay más verdad que la que ya conocía”. (Para comprobar esto sólo tenéis que otear un poco en las redes sociales o preguntar a la gente de a pie). Es el problema de no haber rematado la jugada. Jordi Évole no sé si estará contento, pero laSexta seguro que sí. (y Antena 3, y el sistema político, y la monarquía…)

Izzukay Bell

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