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El fraude en Letras Mayúsculas

¿Bajo qué autoridad Usted está usando ese nombre para identificarme?


9 may 15. En principio nadie tiene nombre. Todos los nombres son falsos y carecen de significado porque uno llega al mundo y cuando lo deja lo hace sin nombre. Tu eres sin nombre, un rótulo que se te pone con propósitos utilitarios. No hay nada en un nombre.

Sólo hay dos ámbitos en el planeta: tierra y agua. La gente vive en la tierra, por lo cual la ley de la tierra o ley nacional, es la ley de la gente que vive en la tierra, siendo diferente de acuerdo a cada país, porque es la ley de la gente que vive en ese país.

Pero la ley del agua es la ley del dinero, el flujo de fondos y los activos líquidos circulantes. No obstante, en la actualidad el dinero no tiene respaldo en metales preciosos, se basa en la mano de obra de los pueblos, que son la única fuente de crédito ante la deuda pública.

´Corona de la Tierra´ es un artificio milenario no incorporado mediante el cual la Tierra es reclamada por la Corona a ser de propiedad privada suya, también conocida como el Crown Estate, la Compañía, Corona de la Corporación, Commonwealth, también conocido como dominio público y todos los demás derivados. Aún más, la Corona afirma que la Tierra le fue concedida legalmente y que nunca puede enajenarse de ella.

Aquí ´Corona´ se entiende como una compleja disposición de fideicomisos y sub-fideicomisos que reclaman la propiedad de la Tierra, en última instancia, derivada de la triple corona de la adoración al dios sumerio Baal, representada por la tiara papal del culto romano, que en la práctica enarbola la ley de supremacía marítima del Almirantazgo del mar de la cultura cananita-fenicia, raza aria del clan Barats que se convirtió en la élite anglo-sajona de las islas británicas.

El derecho romano llama a la ´ley del hombre´ IUS, de ahí viene el término Justicia, y a la ´ley de los dioses´ FAS, de donde viene la palabra fascismo. La ´ley de los dioses´ es la Ley del Mar del Almirantazgo, el control fascista de las corporaciones con el capitalismo del monopolio.

El lenguaje jurídico es distinto y específico. Esto se ha mantenido para facilitar el control de quienes no lo entienden, pero están sujetos igualmente por contratos, tratados, constituciones, o leyes a la letra impresa en ellos, y que los vincula de por vida a esa jerga incomprensible de tecnicismos.

Desde que nacemos o ´rompemos aguas´ tenemos un certificado de nacimiento, al igual que los barcos que navegan llevando productos y atracan cargados de bienes en un muelle, por lo que todas las embarcaciones por ley deben ser ´hembras´, debido a que es ´ella´ la que genera el producto. Así es que todo lo que salga de una nave debe tener un certificado de manifiesto.

De la misma forma, cuando una persona nace sale del agua de su madre, obtiene un certificado de nacimiento escrito con letras mayúsculas, y un cuerpo que es de hecho un bien valor cotizable, mientras su padre y madre son engañados el momento de registrar al nacido vivo, el nuevo artículo de dos corporaciones. Todo lo que estas produzcan es de quien otorga el certificado de negocios para crear el producto, para el caso un recurso humano.

Existe el malentendido que la Constitución de cualquier país otorga al individuo ciertos derechos. Eso es falso, puesto que nacemos con derechos inalienables por el sólo hecho de existir como seres humanos, nadie nos los da, y por lo tanto nadie nos los puede quitar, o en su defecto, lo que si puede hacer cada persona es escoger si los va o no a ejercer.

Una Constitución ni siquiera puede garantizarlos, ya que es un mero propósito declarado por escrito. Un texto por más que se le llame ´Constitución´, no puede garantizar esos derechos inalienables. Los únicos que podemos escoger si lo vamos a ejercer o no somos nosotros como individuos.

Las leyes que existen hoy en día tienen su origen en el Derecho del Mar, que es una rama del derecho internacional que define las obligaciones y los espacios marítimos de los estados, aunque solo se aplica a quien acepta someterse a ella. Bien, pues esa ley que fue creada para gobernar corporaciones y navíos nos ha sido impuesta para gobernar sociedades.

¿Como lo hicieron? Una simple distorsión del lenguaje es suficiente para hacer creer a todo el mundo que esta ley alternativa marítima se aplica para la gente sobre la ley civil.

Una creencia predominante en la cultura moderna es que las licencias, permisos, registros, estipulaciones, certificados y otros documentos, son esenciales para cualquier actividad empresarial, comunitaria y civil, aún siendo falsas creencias perpetuadas por la ´Ley Marítima´. Sin embargo, ¿cuántas son aplicables para uno?

Un malentendido común entre las personas es que cualquier texto o regulación que las gobierna forma parte de una sola categoría: ´La Ley´. Hay muchas otras formas legales que son acatadas por las personas sin darse cuenta que simplemente no son aplicables a una persona nacida con derechos inalienables.

Esta ´ley del mar´ fue originalmente creada para controlar navíos que atracaban en el extranjero en busca de recursos y productos para importar y exportar, adaptada para los asuntos financieros y mercantiles, pero no los civiles. Esta ley sólo se aplica a quien acepte someterse a ella.

La definición de Ley Marítima de Comercio la explica como una ley privada internacional que gobierna las relaciones entre las entidades privadas que comercian en los océanos. Pero a través de la manipulación sagaz del lenguaje, una forma de ley que fue creada para gobernar corporaciones, negocios y navíos, ha sido impuesta para prevalecer como tal sobre las personas naturales.

Cuando un producto sale de un barco y es llevado a tierra extranjera, esa nación toma custodia del producto y lo reconoce con un certificado que constata la fecha de ingreso o ´nacimiento´ del producto en la nación respectiva. Un certificado es definido como un documento que establece una declaración de propiedad, y entonces la pregunta que surge es ¿por qué los seres humanos necesitan un certificado de nacimiento? Porque son propiedad del país donde nacen, que los usa como valor de intercambio internacional.

Por tanto, cada persona con un certificado de nacimiento es definida como una propiedad, un simple recibo legal, y todo lo que por ley hace son negocios bajo una licencia específica. Por ejemplo, cuando contrae matrimonio con alguien es una corporación haciendo negocios con otra corporación, y obtienen una certificado de matrimonio o licencia de negocios.

Es cuando del niño nacido vivo crean una segunda entidad que llaman ´persona´, con un padre y una madre que actúan como socios de un matrimonio o unión libre, que en realidad han concebido un ´personaje´ que detenta un título de propiedad o partida de nacimiento, que se registra en letras mayúsculas para dominio público a favor de una corporación marítima, y así el estado se apodera del personaje, por lo menos hasta que cumpla la mayoría de edad, cuando el individuo afectado puede reclamar para sí su ´doble tú´.

Este legalismo digno de un libro de hechizos se inicia en con otra faceta en Estados Unidos, cuando en marzo de 1933 se declaró en bancarrota y comenzó a aceptar los préstamos de la ´Reserva Federal´, una corporación privada afiliada al gobierno. El país, sin dinero para pagar los préstamos, empezaba a usar a sus ciudadanos como un valor negociable en garantía de respaldo. Ello quita a la persona sus derechos naturales inalienables, y en cambio pasa a tener ´privilegios, deberes y beneficios´, o sea, un esclavo en toda regla que pertenece al estado.

Esta ley alternativa marítima trucó el sentido de la palabra ´persona´, de ser una persona natural a convertirse en una ´corporación´, de corp en inglés que significa cadáver. Los impuestos, un permiso de circulación, de trabajo, de residencia, para establecer un negocio, de construcción, un certificado de nacimiento o matrimonio, multas de tráfico, seguros, y otras formas de documentación que una vez se creyó eran absolutamente necesarias, solo se aplican a la ´persona´ si entendida como ´corporación o persona jurídica´.

Cuando una persona firma cualquiera documento legal, está cediendo indirectamente los derechos de nacimiento citados en la constitución, y la persona se convierte en una corporación, que se crea con el mismo nombre que la persona natural.

La única manera para distinguir el nombre natural del nombre corporativo es diferenciarlo mediante el uso de letras mayúsculas o minúsculas, ya que el nombre corporativo siempre estará en letras mayúsculas.

Esto se conoce como Capitis Diminutio Maxima, que en derecho romano refiere la pérdida o disminución de derechos, sean la libertad, la ciudadanía o la capacidad civil.

Bajo tal concepto, la libertad se obtiene como permiso condicionado por un superior, lo que no otorga liberación. Una persona puede tener libertad pero no liberación. La libertad requiere pedir permiso, obtener un pase, o una licencia que es un acuerdo dentro de la ley de quien lo emite. Por eso es que hay policías para respaldar la política de los políticos, que a su vez trabajan para los amos de las corporaciones

Al comprobar el nombre en un documento de identidad, pasaporte, seguridad social, tarjeta de crédito, y cualquier otro documento oficial, éste sólo aparece en letras mayúsculas para representar la corporación que tiene el nombre de la persona, pero que no es tal.

La corporación es conocida como una ´persona artificial´, mientras que el ser humano es una ´persona natural´, gobernada por su propia consciencia.
La sociedad que creó las leyes que son aplicadas se llama ´sociedad legal´. Aún así, la parte medular de este completo engaño es el hecho que no somos por naturaleza miembros de la sociedad legal.

Las leyes creadas para el control de la sociedad son aplicadas con lo que se llama ´la sociedad de la ley´. La clave de este engaño es el hecho de que no somos por naturaleza miembros de esta sociedad de la ley, por lo tanto sus leyes no se aplican a personas naturales.

Los jueces, abogados, procuradores, intendentes, o lo que sea, hacen parte de esta sociedad, que a su arbitrio ha creado su propio lenguaje o jerga que es perversa y engañosamente aplicado para formar creencias y conceptos. De modo que básicamente todas exigencias de edad, infracciones y cualquier tipo de regla arbitraria, exceptuando el daño a otra persona o su propiedad, son normas que no aplican a la persona natural.

El juego de la ley es sólo una ilusión, por lo que es posible reclamar la libertad con que se nace, la cual sólo tiene los límites que impone el libre albedrío.

Una bula o bulla pontificia es un documento escrito en latín sobre asuntos políticos y religiosos, que para evitar falsificaciones lleva un sello de plomo con una serie de validaciones internas y externas, que consigna el nombre del Papa que la promulga y el año de su publicación.

Al estilo pontificio la bula es expedida por la Cancillería Apostólica del Vaticano sobre determinados asuntos de importancia dentro de la administración clerical y civil, constituyéndose en uno de los instrumentos más extendidos en los que se fundamenta y expande por el mundo la autoridad del sumo pontífice romano.

La finalidad última de las bulas pontificias es apoderarse del planeta. La leyenda negra asevera que las bulas papales originales habían sido escritas sobre piel de niños sacrificados, o de personas de mente brillante opuestas a la Iglesia Católica, y que se archivaron en las bóvedas del Vaticano. Los que hoy puede verse allí son copias escritas en piel animal.

La Bula Unam Sanctam del papa Bonifacio VIII publicada en 1302, primera en crear para la historia el concepto de fideicomiso, es la expresión más radical de la hierocracia papal, y en su eficacia ´rey del mundo´. En ella el Papa afirma la absoluta supremacía del poder espiritual sobre el poder terrenal, y termina por definir que es de absoluta necesidad para la salvación el estar sometido al Pontífice Romano.

Un fideicomiso es un contrato o convenio en virtud del cual una o más personas, llamadas fideicomitente o también fiduciante, transmite bienes, cantidades de dinero, o derechos presentes o futuros de su propiedad a otra persona.

La Bula Romanus Pontifex, emitida por el papa Nicolás V en 1455, llamada ex cátedra como la primera corona, es una prueba del señorío espiritual del papado sobre el mundo occidental, en su papel en la regulación de las relaciones entre los príncipes cristianos, y entre cristianos y ´paganos e infieles´. Esta bula se convirtió en la base para la apropiación de las tierras en el ´nuevo mundo´, con el argumento que sus actividades servían para difundir el cristianismo.

Esta es la primera de las tres bulas papales para reclamar el inicio o incipit ´Para un recuerdo perpetuo´. Dicha bula tuvo el efecto de transmitir en perpetuidad el derecho de uso de la Tierra como de Bienes Inmuebles del expreso Fideicomiso Unam Sanctam al control del Pontífice y sus sucesores. Por lo tanto, toda la Tierra se reivindica como ´tierras de la Corona´.

Esta primera Corona representa el primer fideicomiso cestui Que Vie, creado cuando un niño nace, privándole de todos sus derechos naturales y derechos sobre la tierra en el nacimiento.

La Bula Aeterni regis, o ´del rey eterno´, se publicó en 1481 por el papa Sixto IV. Confirmó las anteriores bulas Romanus Pontifex, emitida por Nicolás V en 1455, e Inter caetera, emitida en 1456 por el papa Calixto III. Fue la base legal para que Cristóbal Colón actúe como agente virreinal de la corona española en América.

Esta bula papal creó lo que se conoce como la ´Corona de Aragón´, más tarde la Corona de España, que a su vez la perdió en 1604 cuando el papa Pablo V se le concedió al rey James I de Inglaterra, después de la exitosa aprobación de la ´Unión de las coronas´ o de la Commonwealth en 1605, tras la llamada Conspiración de la Pólvora.

Esta segunda corona representa el segundo fideicomiso cestui Que Vie, creado para que cuando un niño nazca tenga a la venta su partida de nacimiento como un bono valor al banco central privado de la nación, quitándole la propiedad de su propia carne y condenándolo a la servidumbre perpetua como ´persona romana´, o esclavo.

La tercera corona fue creada en 1537 por la bula del papa Pablo III que convocaba al Concilio de Trento. Representa el tercer acto testamentario y final de un fideicomiso creado para la reivindicación de todas las ´almas perdidas´.

Esta tercera corona representada por el tercer fideicomiso cestui Que Vie, creado para cuando un niño es bautizado, siendo la concesión del certificado de bautismo por parte de la iglesia el poder sobre título del alma del bautizado. Así, sin título jurídico sobre la propia alma, un hombre o una mujer pueden tener ´legalmente´ negado derecho a presentarse como una persona, pero pueden ser tratados como una criatura y cosa sin poseer legalmente un alma.

Las leyes pontificas además son obligatorias, incluso sin haber sido aceptadas o confirmadas por los gobernantes seculares, y por lo tanto, cualquier ley nacional puede ser abolida en cualquier momento por el Sumo Pontífice. El Papa, Vicario de Cristo, reclama así la propiedad última de todo cuanto hay en el Orbe.

En 1540, Venecia ayudó en la creación de la primera Ley Que Vie cestui para usar esta bula papal como la base de la autoridad eclesiástica de Enrique VIII. Esta corona fue concedida en secreto a Inglaterra para la ´recogida y la cosecha de las almas perdidas´.

Desde entonces los Colegios de Abogados han sido responsables en la administración de la ´cosecha´ de las almas de los perdidos y condenados, incluyendo el registro y la recogida de los certificados de bautismo que representan las almas cooptadas por el Vaticano y almacenadas en sus bóvedas.

La Cestui Qui Vie act de 1666, o Ley KV Sestif, en sentido literal de ser ´beneficio para otro´, fue aprobada por el parlamento británico durante el incendió que consumió gran parte de la ciudad de Londres tras sufrir la peste negra. Se hizo para subrogar los derechos de hombres y mujeres, lo que significaba que todos fueron declarados muertos, perdidos en el mar o más allá del mar. En ese entonces ya operaba el derecho marítimo.

Por ende, el Estado tomó la custodia de todo el mundo y de sus bienes en un fideicomiso, y se convirtió en el administrador para la ejecución de todos los títulos de las personas y sus bienes, al menos hasta que alguien vivo en un lapso máximo de siete años volviera para reclamar esos títulos.

Es entonces cuando se inicia la regla del uso de MAYÚSCULAS para dar un NOMBRE corporativo a una persona natural, porque al usar letras MAYÚSCULAS en cualquier NOMBRE, este siempre se refiere, sin excepciones, a una persona jurídica, empresa ficticia o corporación.

El certificado de nacimiento que se exige a la persona natural tiene el nombre en letras mayúsculas que representan una corporación o ´doble tú´ de aquella persona, que está conectado a un fideicomiso a nombre de la Corona, o sea, y en última instancia, el Vaticano.

Legalmente, se nos considera una ficción, un concepto o idea que se expresa como un nombre. Por tratarse de una persona jurídica no tiene conciencia; legis ens, un ser artificial, un nombre/palabra escrito en una hoja de papel para ser legalmente atado a perpetuidad, un barco flotando en el mar del comercio.

La única salida para la persona natural es recuperar su entidad muerta -corpse significa cadáver en inglés- que la Corona creó, convertida en el fiduciario del fideicomiso qui tui cest y darse de baja de la ley marítima de comercio que la tiene en custodia.

Es por eso que siempre se necesita la representación de un abogado cuando involucre asuntos legales, porque está muerta. La ficción legal es una construcción en el papel, un fideicomiso mercantil. Cuando la persona natural recibe una factura o citación de un tribunal, es siempre en mayúsculas, similar a lo escrito en una lápida. Las letras mayúsculas literalmente significan muerte. Una ficción legal creada cuando alguien informó al gobierno que había un nuevo ´buque´ en la ciudad de nacimiento.

Como una persona muerta no puede interactuar con empresas o el Estado, la ficción legal lo hace. Es el ´segundo tú´ que a través de estas ficciones legales es engañado en el pago de impuestos, obtención de crédito y demás.

Esto lleva a la deuda y el dinero. Todos trabajan para ganar dinero y comprar bienes y servicios, los cuales son proporcionados por las grandes corporaciones. Pero de acuerdo a la ley es sólo una ficción legal que interactúa, ya que uno está declarado como ´muerto´. Simplemente convertido en siervo monetario que produce bienes y servicios para pagar la deuda del Estado. Ese trabajo está medido en crédito corriente, que es deuda, y apenas permite al individuo retener una pequeña porción de su trabajo para que cubrir necesidades básicas.

Todos los gobiernos y países son ficciones fabricadas y comúnmente aceptadas. En realidad nunca ha habido alguna vez gobierno, países, dinero, o constituciones. Los países con deudas impagables -que en la práctica son una totalidad- resultan rescatados por los organismos internacionales de crédito bajo el acuerdo que las personas trabajen para producir bienes de intercambio con la fin de pagar los préstamos. Resultan pues garantía monetaria a ser utilizada en la forma que la gran banca considere conveniente pagar la deuda o generar más dinero.

Por tanto, toda la gente es vista como estando en custodia de ´La Corona´. Ello permite a las personas funcionar como un bien valor en el comercio y aceptar los ´beneficios´ proporcionados por el Estado, sin saber que por su trabajo son acreedores naturales del sistema.

El juego de la ley es sólo una ilusión, una forma de perversión del lenguaje que perpetúa el falso ser. Como la persona por naturaleza no es parte de la sociedad de la ley, sus leyes no se aplican a personas naturales.

Resulta una ley distorsionada que adopta una estructura de creencias originalmente creada para asuntos mercantiles y financieros no civiles. La persona natural solo es gobernada por su propia conciencia. Las leyes son creadas para el control social a través de la sociedad de la ley.

En un tribunal o corte los derechos civiles no son protegidos. De facto el juzgado y el demandante se encuentran en un navío, y todo lo que allí ocurre está bajo la ley marítima. El juez actúa como un capitán que resuelve una disputa mercantil entre las partes, y por ello en cualquier juicio hay siempre una suma de dinero en juego que una vez pagada cierra el caso.

La inmensa mayoría de gente no sabe que desde su nacimiento se ha sometido a la ley marítima alternativa, algo posible gracias a la manipulación de la lengua. Cuando se firma cualquier documento legal se están cediendo derechos inalienables de nacimiento y la persona natural se rebaja al estado de una persona artificial con título corporativo en letras mayúsculas.

Fuente:http://noficcin.blogspot.com.es/

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1 comentario:

  1. Yo estoy haciendo el proceso de soberanía y puedo ayudar a lo mismo. romacho_live@hotmail.com

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