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El mundo que viene


Algo está pasando. Es un proceso de crecimiento, un viaje a los adentros del conocimiento hermético. Es descubrir y entender que todo es energía, que todo lo que vemos, todo lo que percibimos, todo lo que somos se basa en frecuencias, en ondas, en vibraciones.

Lo intuye la física cuántica o lo descubrió Nikola Tesla con las energías que logró manejar o Whilheim Reich con el orgón. Fuerzas vivas que no vemos y están ahí, en todas partes porque el mundo material es vibración baja, chatarrilla si comparamos con el caviar.

Es nuestro lado espiritual que hasta ahora se nos ha negado por esta mano negra que ha frenado el conocimiento por milenios.

Está en los textos más antiguos jamás conocidos, que datan en torno a unos 10.000 años y descubiertos a occidente a finales del siglo XIX, los textos Veddas, para envolverlos en una gran mentira por parte de la élite oscura etiquetándolos como misticismo y lanzando su contrapartida a través de Elena Blahvasnky y Alice Bailey para desviarnos de ese gran conocimiento hacia la gran farsa de la New Age.

Está escrito en todas las culturas antiguas y no queremos verlo. Ellos, los antiguos, tuvieron acceso a este conocimiento o a parte de él porque eran vestigios de civilizaciones prediluvianas que sí poseían en toda su plenitud estos conocimientos. Pero en esta civilización que vivimos, "alguien" interfiere para desconectarnos de múltiples y variadas formas e impedir nuestro crecimiento evolutivo.

Ya lo hicieron en los albores de esta civilización divulgando un engaño tan simple como sutil pero muy efectivo. Nos hicieron buscar en nuestro exterior las respuestas que estaban tan cerca de nosotros como en el interior mismo de cada uno, propagando religiones que señalan a dioses externos a los que adorar y ofrecer sumisión en vez de buscar dentro de nosotros. Nada más lejos de la realidad.

El mundo que viene es espiritual. Cultivar el espiritu en seres eminentemente terrenales que somos es la gran tarea que nos espera para entender por fin quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestro potencial y, sobre todo, cual es nuestra razón de ser y existir y el destino de nuestra energía vital que es el alma.

Ser espiritual no conlleva misticismo, ni retiros espirituales, es exteriorizar los valores que definen al ser humano como tal, como son la nobleza, la solidaridad, la empatía, el amor en el más puro sentido de la palabra. Enterrar el mal y cultivar el bien para crear nuestra realidad. Así de simple.

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