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Así se infiltraron los jesuitas para controlar la masonería



10 abr 16. Por aquellos años el ejército jesuita gozaba de un bagaje más que suficiente para acometer una de sus mayores campañas en pos de su defensa a ultranza del imperial y romano papado. Su exitosa y recurrente habilidad para infiltrarse en dos bandos a la vez sin despertar sospechas les condujo a una de las victorias más importantes al lograr controlar desde aquel siglo XVIII a la práctica totalidad de la masonería occidental.

Por aquellos tiempos la masonería que los Templarios organizara para la construcción de iglesias y monumentos se resarcía de siglos de oscuridad para convertirse en especulativa al abandonar sus principios incluyendo entre sus actividades la influencia en la vida política y social de una manera más o menos limpia y honesta.

De los textos de aquella época que abordaron el asunto se desprende una cierta ingenuidad en unos y un interés por manipular la historia de los acontecimientos en otros como el famoso libro de Augustin Barruel, un abad jesuita, titulado "Memorias para servir a la historia del Jacobinismo" en el cual deja patente el afán de los jesuitas por culpar a masones y judíos de iniciar en el año 1789 la Revolución Francesa, ya que pocos años antes, entre 1773 y 1776, fueron estos jesuitas, junto a sus testaferros los Rothschild, quienes propiciaron la creación en 1776 de la Orden de los Iluminados de Baviera, más conocidos como los Illuminati, surgidos desde dentro de la Logia Theodore del Buen Consejo, fundada en 1775 en Baviera, donde "militaba" Adam Weishaupt.

La sagaz y maquiavélica audacia jesuítica consistió en fomentar a través de sus ezbirros infiltrados en Inglaterra y Escocia que sus logias rechazaran la entrada de católicos, al tiempo que en Francia los propios jesuitas entraron a cara descubierta en las logias para convertirse en los adalides del pluralismo de la masonería defendiendo la libertad de creencias entre sus miembros.

Fue el barón Adolph von Knigge, hombre de confianza del líder de los Illuminati Adam Weishaupt, quien dedicó muchos años de su vida a viajar por todas las logias preparando el terreno para las estrategias de infiltración. Fue también este barón quien abandonara los Illuminati acusando a Weishaupt de trabajar para los jesuitas; lo cual, con la visión que nos brinda el paso de los años y el proceder de la Orden de Loyola, es muy cierto

Los jesuitas propusieron la crearon de nuevos grados masónicos con la excusa de albergar mayor cantidad y mayor pluralidad dentro de las logias; pero en la práctica estos nuevos grados hicieron de cortafuegos entre las bases y los altos grados donde quedaron ellos y quienes fueron fieles aclamadores de tal reforma.

Así ha continuado hasta el día de hoy en que la masonería es, a causa de la infiltración que acabamos de exponer, un atractivo para individuos con ambiciones, a la vez que un refugio para buscadores de sabiduría, que sumado a las invitaciones que los propios masones hacen para atraer a ciudadanos que despunten, la gran cantera de la cual se nutre el poder que gobierna el mundo.

Pero nadie llega a lo alto de la pirámide de la masonería, donde se desvela a los elegidos el gran conocimiento que atesoran a pesar de su fraudulento mensaje, si no se ajusta al perfil requerido, a los "pasos" cumplidos y a la obediencia demostrada para optar a tareas políticas y sociales de gran relevancia en todo el planeta.

Jorge Guerra

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