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¿Por qué los jesuitas necesitan el sionismo?

5 may 16. A lo largo de la historia, aquel decadente Imperio Romano que reactivó el emperador Constantino en el siglo IV, cuando se convirtió al cristianismo como soporte religioso para unificar su imperio, varios han sido los intentos por hacer cumplir una de esas profecías que no son más que agendas dictadas por entes que gobiernan en las sombras de este mundo.

Aquel Imperio Romano fue "poseído" tras infiltrarse, a través de la familia de emperadores Flavia, el germen sacerdotal que guardaba y guarda celosamente los secretos de la cábala que Yahvé reveló a un grupúsculo de elegidos entre aquellas doce tribus de Israel para su uso a conveniencia. Un extenso capítulo que haría demasiado engorroso este texto explicaría por qué los planes de Yahvé no cuajaron en aquel primer intento.

Más tarde, una vez infiltrado, secuestrado y manipulado el mensaje inicial de Jesús desde aquel primer Concilio de Nicea del año 325, donde Constantino fue proclamado Papa, el tal Yahvé y sus huestes plantaron la semilla de otra religión como estrategia que detonara sus planes para tomar asiento en Jerusalén y proclamarse dueño y señor del mundo. Son múltiples y variadas las voces competentes que señalan al papado como impulsor inicial del Islam.

Yahvé y el Imperio Romano plantaron su semilla en el jardín menos aconsejable y a la vez más propenso al enfrentamiento y la discordia, y en definitiva, al derramamiento de sangre: en Jerusalén.

Pero no por error, sino por estrategia para el conflicto perpetuo:

"Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Para el judaísmo es allí donde el rey David estableció la capital del Reino de Israel y lugar de asentamiento del Arca de la Alianza, y donde su hijo Salomón construyó el Templo, hacia donde deben dirigirse las plegarias; para el cristianismo es allí donde predicó Jesús, fue crucificado y resucitó, fue el lugar de su resurrección; es también la tercera ciudad sagrada del islam, donde según Saladino, el profeta Mahoma subió al cielo (a pesar de que nunca habría visitado la ciudad), a la que miraban los primeros musulmanes al rezar, antes de pasar a hacerlo de cara a La Meca, en Arabia Saudita".


"Según el islam, La Cúpula de la Roca, ubicada en el centro del Monte del Templo, es un santuario —no una mezquita— construido entre los años 687 y 691 por el noveno califa, Abd al-Malik, alrededor de la roca en la que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Según la tradición islámica (Sura 17 del Corán), en un sueño de Mahoma que relata "desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita Lejana", sin mencionar ninguna ciudad, ascendió hasta el trono de Alá en el curso de un viaje nocturno a la ciudad desde Medina. Sin embargo, a raíz de la conquista de Jerusalén por Saladino, se cree que éste cambió el significado de dicho lugar sagrado por el de Jerusalén para afianzar la dominación política del islam sobre la tierra de Judea." (Fuente)

Aquella siembra se les fue de las manos, porque el Islam se expandió como la espuma, dando lugar siglos más tarde a otro plan del Imperio Romano Papal para frenar su avance con las Cruzadas y después con las espadas Templarias y su enigmática presencia en Jerusalén. Los resultados, bien conocidos, puesto que aquellas Cruzadas fueron un brutal derramamiento de sangre, no obtuvieron el objetivo perseguido de acabar con el islam.

Amortizados Los Templarios, nacen sus sucesores: la Orden de los Jesuitas.

Con los jesuitas nace una estrategia opuesta a la espada y al enfrentamiento cuerpo a cuerpo en pleno campo de batalla. Nacen las agencias secretas de inteligencia y espionaje, con armas tan sofisticadas y a su vez tan invisibles como la audacia, la sagacidad, la astucia, la manipulación, la infiltración, la tesis y la antítesis, la confusión...

Desde su fundación en el año 1539 hasta su total afianzamiento en el Congreso de Viena en el año 1814, donde la Compañía de Jesús se hizo con el control de la Santa Sede hasta hoy día, nunca lograron tomar las riendas y el control absoluto de la política mundial, pese a su sibilina influencia en todos los acontecimientos de relevancia que se dieron cita en dicho período histórico, a pesar de fructificar conspiraciones tan relevantes, que son base fundamental del actual poder de control jesuítico, como la fundación de los Illuminati, que provocaron la Revolución Francesa y culminaron la tarea de infiltración en la masonería, manejada en gran parte desde entonces por la Compañía de Jesús.

Cuando en el año 1773 el papa Clemente XIV decretó la disolución de los jesuitas, los Hijos de Loyola aprendieron muy bien la lección para no volver a exponerse, ni con espada ni como astutos agentes; y fabricaron herramientas a modo de coraza protectora que les distanciaba de sus objetivos por medio de brazos ejecutores de sus planes; con lo cual, en caso de ser detectados, su mayor riesgo estriba en una amputación de sus miembros. Si una herramienta fueron los Illuminati, otra más actual es el sionismo.

Los mayores impulsores del movimiento nacional-político y pseudoreligioso sionista (no confundir con el judaísmo) son la poderosísima dinastía de los Rothschild. Estos, gracias a sus requerimientos a la Corona Británica que provocaron la Declaración Balfour, donde se concedía un estado israelí en territorio ocupado por palestinos, son dueños casi absolutos de Israel, pero son además un brazo ejecutor de los jesuitas:

Ver: Israel - Palestina: el conflicto diseñado
Ver: Cuando los jesuitas encumbraron a los Rothschild como su brazo financiero


Tras fundarse en el año 1898 por el peón de los Rothschild Theodor Herzl, el sionismo ha sido la causa fundamental que subyace bajo los dos mayores conflictos bélicos del pasado siglo XX; porque una adecuada propaganda antijudía dispersada con venenos como los Protocolos de Sión derivó en la buscada persecución y muerte, primero en Rusia y después en la Alemania de Hitler, premisa fundamental para reclamar la creación de un estado israelí donde alojar a judíos que vivían cómodamente dispersos por el mundo sin ninguna intención de cambiar su vida.

Para que la herramienta jesuita del sionismo subsista necesita grandes dosis de odio hacia ellos, y así justificar su desmesurada protección armamentística y para legitimar sus actos deplorables escudados en el antisemitismo con que señalan a quien repudie el sionismo y rechace sus maneras.

El movimiento nacional-político y pseudo-religioso del sionismo es una bomba que, obviamente, al detonar se destruye a sí misma. Por esta causa el Vaticano-Jesuita ejecutará una demolición controlada del sionismo si persiste su inicial proyecto "divino" de acometer y concluir esta colosal agenda disfrazada una vez más de religión para sentar al papa del Imperio Romano en el trono de Jerusalén, tal como marca la profecía.

Jorge Guerra.

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